Brote de listeriosis, aborto y limbo




Creo que todos estamos consternados por los abortos que se han producido por el brote de listeriosis. Para los creyentes pone de actualidad el tema de la salvación de los niños que mueren sin bautismo, de esos niños muy queridos por sus padres que no han llegado a nacer; pero también de aquellos otros que son desechados víctimas de la fertilización invitro o las víctimas de la abominación del aborto.

Esos niños, que mueren sin ninguna culpa personal pero en pecado original ¿qué ocurre con ellos? ¿cual es su destino eterno? 
No se pueden ignorar la realidad del pecado original y sus consecuencias trágicas. Debido a él, todos los hombres vienen a la existencia en un estado de separación de Cristo que excluye la posibilidad de visión de Dios, para aquellos que mueren en ese estado.

Por otro lado, está la Palabra de Dios que afirma su voluntad salvífica universal (que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad) pero que también afirma la necesidad de bautismo para ser liberados del pecado y conformados con Cristo.

Pero no hay una enseñanza explícita de la revelación sobre la cuestión de aquellos que no han nacido y por tanto no se les ha podido bautizar.

La enseñanza tradicional de la Iglesia recurría a la teoría del limbo, que es una hipótesis teológica posible pero que nunca perteneció a las definiciones dogmáticas del Magisterio de la Iglesia, ni nunca se hizo mención del limbo en la liturgia. No obstante, aunque no fue nunca dogma de fe, era la explicación o solución teológica común que se daba al problema hasta mediados del S. XX.

Con el correr del tiempo, la reflexión teológica, el sensus fidellium (el sentir común de los fieles) y la mayor inteligencia de la fe que el Espíritu Santo va propiciando, el acercamiento a este problema se hizo desde otro ángulo.

 El destino de los niños que mueren sin bautismo no nos ha sido revelado. Pero lo que sabemos de Dios, de Cristo y de la Iglesia nos dan motivos para esperar en su salvación.

Sabemos que la gracia de Dios y Su providencia llega a todos ya que Cristo murió por todos los hombres, también por los no nacidos. Y sabemos, que Dios quiere que todos los hombres se salven, también los no nacidos o niños muertos sin bautismo. Por eso, debemos mantener que el Espíritu Santo ofrecerá a todos la posibilidad de que, en la forma que Él sólo conoce, los niños no nacidos y muertos sin bautizar, sean asociados al Misterio Pascual y al proyecto de amor de la Santísima Trinidad, la salvación. La Iglesia misma estimula la esperanza de salvación de los niños muertos sin bautismo por el hecho de que ella misma ruega para que nadie se pierda. Los encomienda a la misericordia divina y ruega en la esperanza de que todos los hombres se salven.

Por eso, los cristianos, incluso cuando no vemos cómo pueden ser salvados los niños no bautizados, nos atrevemos a esperar que Dios les abrace en su misericordia salvadora.

Lo que por la revelación sabemos es que el camino ordinario para alcanzar la salvación en Cristo es a través del Bautismo. Sin embargo, la Iglesia espera que existan otras vías para conseguir el mismo fin aunque no nos hayan sido reveladas, que Dios provea algún camino por el cual los niños que mueren sin bautismo sean salvados. Confiamos en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo y puedan gozar de la visión de Dios aunque no tengamos un conocimiento cierto.

Nuestra esperanza en que los niños que mueren sin bautizar alcanzarán la salvación no puede ser aducida para minimizar la necesidad de bautismo, ni para retrasar su administración. Lo que se quiere indicar es que hay poderosas razones para creer que Dios salvará estos niños que mueren sin bautismo cuando nosotros, no hemos podido hacer por ellos lo que se ha de hacer, es decir, bautizarlos en la fe y en la vida de la Iglesia.





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