Detalles en los que no has reparado en la Parábola del Buen Samaritano



Estamos acostumbrados a escuchar o leer la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), pero no caemos en muchos de los detalles interesantes que encierra.

Por ejemplo dice:

“Se levantó un doctor en la ley y dijo para ponerlo a prueba…”

El experto
El que hace la pregunta no es un cualquiera con interés por saber. Es un experto. Éste representa a la vieja religión. Lanza la pregunta que quiere dejar en el plano teórico. Quiere una discusión intelectual sobre el tema, del cual ya conoce la respuesta.

Pero Jesús no se deja entrampar en la discusión académica. Se aleja de la casuística y reconduce la cuestión al ámbito de la vida. Y lo hace mediante la parábola. No presenta una tesis, sino un hecho concreto. Y fuerza al interlocutor a considerar las acciones. Le obliga, no a elegir una teoría, sino una actitud práctica.

Al final no le pregunta: “¿Has comprendido bien?" Ni le recomienda: “Trata de no olvidar esta lección”. Le impone sin más un: “Vete y haz tú lo mismo”.

El escriba se había acercado para discutir, disputar, argumentar. Y se va con un deber preciso que cumplir.

El experto, en la nueva religión, ya no es “el que sabe”, sino “el que hace”.

La pregunta

"¿Y quién es mi prójimo?"

El doctor de la ley ya conocía la respuesta, según las distintas teorías (o todo el mundo, lo que al final quedaba en nada, o los correligionarios o de raza, es decir sólo los judíos). 

Jesús invierte la pregunta: "¿quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?"

No quiere precisar quién es el prójimo como sujeto paciente. Cristo desplaza el centro de interés. El doctor de la ley se pone en el centro, sobre el pedestal, y coloca a los demás a su alrededor. Jesús explica que el centro no soy yo, sino cualquier persona que se encuentre en mi camino y tenga necesidad de ayuda, de comprensión, de amor.

 El problema fundamental del cristiano no es conocer quién es mi prójimo. El problema esencial es “hacerse prójimo”, desplazando el centro de interés del yo a los otros.