Mi hijo se aburre en misa





Los que tenemos hijos pequeños nos planteamos siempre la misma cuestión, si hay que llevarlos a misa aunque se aburran o lloren.

Algunos pueden pensar que es mejor no llevarlos para que no molesten. Después de todo, ellos no tienen obligación hasta los siete años. Sin embargo, esto es una manera de no incluirlos desde pequeños en la comunidad de fe que les acoge.

Jesús mismo corrigió a los discípulos que querían apartar a los niños para que no molestaran al Señor.

Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí (Mt 19, 13-15)

Tenemos que tener en cuenta que no vamos a un espectáculo, vamos al encuentro con el Señor. Y esto hay que transmitírselo a nuestros hijos. Los laicos tenemos una responsabilidad grave respecto de la educación cristiana de nuestros hijos. Esto incluye la educación en la fe, explicarles a qué vamos, qué significa y su importancia. Y eso requiere dedicación y tiempo.

Lo fácil es no llevar al niño a misa, o incluso, no ir nosotros tampoco porque "no podemos dejarlo con nadie". Pero eso, como regla general, no colabora a su educación cristiana porque estamos apartando a los niños de la celebración de la fe.

Igual que llevamos a nuestros hijos al colegio porque es importante y bueno para ellos, o les llevamos al médico caso de que sea necesario, la vivencia de la fe también es importante porque no somos sólo cuerpo. La vertiente espiritual del niño hay que alimentarla. Debe quedarles claro la importancia de la celebración aunque no la entiendan. Ya la entenderán.

La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es la fe, porque afecta a esta vida y a la eternidad. Y debemos procurar en la parte que nos compete, que la semilla de fe del bautismo germine en nuestros hijos por la vivencia de la fe y la participación en los sacramentos. Por eso es bueno que se incorporen a la celebración de esa fe desde el principio.

¿Que es trabajoso?... ¡Qué me vais a contar a mí que tengo tres! 

Cada padre y madre debe valorar su caso, pero deberíamos asegurarnos el evitar que la celebración de la fe, en concreto la misa, aparezca a nuestros hijos como algo poco importante o incluso prescindible. Si vivimos una fe "light", nos mimetizamos con el ambiente, con la cultura ambiental, la cultura materialista, la cultura inmanentista, que nos induce a bajar los niveles de compromiso, en la doctrina y en la moral.
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. (Mt 5, 13)