Nace el Mesías Salvador

¿De qué nos salva el Mesías?  ¿De qué nos salva el Señor?


¿No os han preguntado nunca: "yo estoy bien y a mí de qué me van a salvar"? 

Sabemos que Dios creó todo, el cielo y la tierra, lo visible y lo invisible (que también existe). Y  que por amor, nos creó a los hombres, a su imagen y semejanza. Es decir, hechos para amar y ser amado, con inteligencia y libertad para regirnos. Y nos puso en un entorno favorable, en su amistad, disfrutando de la creación, en el paraiso. El hombre, creado como obra cumbre de la creación.

Pero el hombre -libremente-, decidió usar mal de su libertad. Y como podía hacerlo porque era libre, creyó la mentira que el tentador le contó. Y decidió apartarse de la amistad de Dios, y vivir cómo si Él no existiera queriendo decidir él, el hombre, lo que iba a estar bien y lo que no.


Y al apartarse libremente del orden y del fin para el que fue creado, se separó de Dios. Y por su pecado personal, el Mal que estaba fuera, entró en la tierra. Le abrió la puerta y éste entró y lo inundó todo.  



Y como era lo que el hombre había querido, Dios respetó la decisión del hombre. Y éste tuvo que hacer frente a las consecuencias de su acción: alejado de Dios, su naturaleza humana quedó disminuida, quedó afectado en sus relaciones con la pareja, con los demás hombres y en su relación con la creación.  Porque el hombre había optado por el mal que es muerte. Y sobre todo, al final del tiempo que Dios otorga a cada hombre, la muerte biológica se convertiría en muerte eterna porque el hombre, que no desaparece con la muerte biológica, descendería al sheol o el hades, al lugar de los muertos donde todos permanecerían eternamente encerrados bajo el imperio del mal. Si Dios es Amor, Luz, Vida, los muertos quedaban solos, incomunicados, sin relacionarse, sin amor, en una no vida eterna, un infierno. 



De esa muerte eterna, es de la que nos salva el Mesías. 

Pero Dios que es amor, se compadeció del hombre. Y el Mesías enviado por Él superó todas las expectativas porque fue el mismo Dios en la persona del Hijo el que se hace hombre. Y como es hombre verdadero, al obedecer hasta la muerte, restableció el orden que Adán rompió. 

Al someterse a la muerte, descendió a los infiernos. Y ahora Dios, en la persona del Hijo muerto en la cruz entró en el sheol o el hades y llevó la luz. Y los que allí se encontraban pudieron acogerlo, todos los que quisieron libremente. Y el Señor los rescató. 



Y al resucitar el Señor, la Muerte fue vencida porque ya no tiene la última palabra. Y al subir al cielo, abrió las puertas del cielo a los hombres, que hasta ese momento estaban cerradas. Y tras su paso por este mundo, aquellos que optan por Jesucristo y llevan una vida conforme al Evangelio, acceden a la presencia del Padre. 

Y al enviarnos el Señor el Espíritu Santo, que es su Espiritu, participamos de su naturaleza divina. Somos hechos hijos de Dios. Y eso es infinitamente más que lo que perdimos con el pecado de Adan. Cuando el Señor vuelva en Gloria y Majestad, y resucitemos, veremos a Dios tal cual es y lo que nosotros somos en realidad. 



Pero de eso, hablaremos otro día.