¿Por qué leer el Antiguo Testamento?

 

¿Hay una respuesta a esta pregunta? Sí, en una sola frase: El AT es necesario para comprender el NT.



Muchas de las palabras utilizadas por Jesús o sus discípulos formaban parte también de la cultura religiosa de su época y evocaban algo muy distinto de los que a nosotros nos parece a primera vista. Pues bien, era sobre todo la Escritura (el AT) lo que formaba el fondo de esa cultura. Así, ciertos títulos aplicados a Jesús (Mesías, Cristo, hijo de David, hijo del hombre, siervo doliente, profeta…), ciertas expresiones como viña. Matrimonio, Sión, agua, soplo…suponen un contenido que fue madurando poco a poco en la historia de Israel. Se trata, más bien de todo un mundo de símbolos.


Podría decirse que Dios hizo vivir a su pueblo las grandes esperanzas y experiencias humanas. Por tanto, leer el AT es reflexionar sobre nuestra propia vida, pero en profundidad, Nos lo muestra su propia lectura. Y lo afirman Jesús, a través de los Evangelios, y el mismo Pablo.


Los acontecimientos de la vida del Pueblo de Israel tienen valor en sí mismos. Pero son además, para el creyente, una anticipación de su vida. Dios, de alguna manera, pensaba en nosotros cuando dialogaba con Israel. Eso tiene su importancia para evitar cierta lectura moralizante.


El AT es, en gran parte, una gran promesa. Recordemos los textos de los Salmos o los Profetas donde se nos dice que algún día Dios vendrá a restablecer su reino: entonces los pobres serán dichosos, porque se habrá acabado con la pobreza; el mal, la injusticia, el sufrimiento, la muerte serán vencidos…Basta con mirar a nuestro alrededor (y en nosotros mismos) para saber que esto no se ha realizado todavía, ya que existen aún el mal, el sufrimiento y el pecado. Los judíos esperaban un mesías que estableciese ese reino de Dios por sí mismo, él solo y de un solo golpe. Los cristianos reconocen a Jesús como el Mesías, pero descubren que Jesús no ha hecho más que inaugurar el reino, dejando a sus discípulos, animados por el Espíritu, la tarea de realizarlo.

La venida de Cristo no ha suprimido esa espera. Al contrario, ha reforzado la esperanza. La promesa contenida en el AT sigue siendo un programa a realizar por los cristianos, como lo fue para Jesús. 





 Eva Ramírez